Disco: La memoria de los peces
Estreno: abril de 1996
Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano
Me levanto temprano, moribundo.
Perezoso resucito, bienvenido al mundo.
Con noticias asesinas me tomo el desayuno.
Camino del trabajo, en el metro,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.
Y en el asiento de enfrente,
un rostro de repente,
claro ilumina el vagón.
Esos gestos traen recuerdos
de otros paisajes, otros tiempos,
en los que una suerte mejor me conoció.
No me atrevo a decir nada, no estoy seguro,
aunque esos ojos, sin duda, son los suyos,
más cargados de nostalgia, quizás más oscuros.
Pero creo que eres tú y estás casi igual,
tan hermosa como entonces, quizás más.
Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad.
Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores,
del interrogante en tu mirada.
La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres,
jóvenes promesas, no, no teníamos nada.
Dejando en los portales los ecos de tus susurros,
buscando cualquier rincón sin luz.
"Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro",
y detrás de cada huida estabas tú, estabas tú.
En las noches vacías en que regreso
solo y malherido, todavía me arrepiento
de haberte arrojado tan lejos de mi cuerpo.
Y ahora que te encuentro, veo que aún arde
la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde
para nacer de nuevo, para amarte.
Debo decirte algo antes de que te bajes
de este sucio vagón y quede muerto,
mirarte a los ojos, y tal vez recordarte,
que antes de rendirnos fuimos eternos.
Me levanto decidido y me acerco a ti,
y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
"¿Cómo estás? Cuánto tiempo, ¿te acuerdas de mí?"
Y una sonrisa tímida responde:
"Perdone, pero creo que se ha equivocado".
"Disculpe, señorita, me recuerda tanto
a una mujer que conocí hace ya algunos años".
Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.
En los momentos en los que nos sentimos ahogados por la rutina y solos es cuando hacemos de las experiencias buenas que vivimos un castillo (me acuerdo de sus caricias y la memoria me engaña, me se come la desidia y me cuelgan las arañas). Se vuelven el triple de buenas, de fuertes, de vibrantes, y nos aplastan, nos hacen odiar la realidad. Nos hacen que nos cueste más vivirla, al menos cómodamente. Entonces inconscientemente buscamos y creemos que encontramos en cualquier persona lo que nos falta. No lo que nos falta como una necesidad existencial, sino eso que recordamos como un castillo de emociones fuertes y hermosas. Eso que al mirar al pasado nos hace creer que entonces sí eramos felices y ahora no. Entonces la razón no ve que en esas circunstancias del pasado tampoco fuimos TAN felices. Quizá lo fueramos más, sí, teniamos ritmos de vida que no se podian parecer ni por asomo a la rutina que ahora nos apaga. Pero entonces, igual que ahora, eramos personas viviendo buenos y malos momentos. Y es este momento, en el que vemos en cualquier cosa que "cualquier tiempo pasado fue mejor", el que proyecta la canción.
Y eso lleva al refugio. Todo eso lleva a "Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro",
y detrás de cada huida estabas tú, estabas tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario